• Frenillos ocultos, la opción para embellecer la sonrisa sin que nadie lo note

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    Llevan pocos años en Chile y los usan principalmente profesionales jóvenes que buscan alinear sus dientes sin aparatos que se vean.

    “Me he hecho todos los tratamientos de ortodoncia”, cuenta Alejandra Aldana (35). “Cuando estaba en la universidad, me pusieron los frenillos fijos por la cara externa de los dientes. Con esos estuve como un año y medio o dos, y como era un poco inmadura, me sacaron los braquets y me dejaron contenciones que no usé porque eran removibles. Ahí, un incisivo volvió a rotarse”, agrega.

    Posteriormente, Alejandra probó con Invisalign, un sistema de cubetillas traslúcidas, ideales para ella que ya se había realizado un tratamiento con braquets. “Pero el problema es que eran removibles y tenía que usarlas las 24 horas del día, sacándomelas sólo para comer, pero yo podía no volver a usarlas en horas. Así que tampoco resultó”, explica.

    De esta manera, llegó finalmente a los frenillos ocultos, los cuales van instalados en la cara interior de los dientes, por lo que es difícil que las otras personas los noten. “Tendría que abrir la boca grande y mostrar los braquets por dentro para que los vean”, sostiene Alejandra.

    Este sistema, también llamado lingual o “incógnito”, lleva alrededor de cuatro años en Chile y ya tienen su público objetivo: los jóvenes profesionales. “A partir de los 25 años, cuando ya se insertan en el campo laboral, empiezan a consultar por este tipo de tratamientos. Un gran porcentaje de ellos ya ha tenido ortodoncia antes (…) algunos terminaron bien, pero después volvieron a apiñar algunas piezas. Otros no fueron constantes con el tratamiento ni con los controles de contención. Y hay otro porcentaje de pacientes que nunca ha tenido ortodoncia, que no la pudo costear antes y ahora que ya están insertos en el campo laboral, lo quieren hacer pero sin braquets que se vean”, explica Natalia Cerna, ortodoncista de Clínica Avaria, que ofrece este tratamiento al igual que Dentaline, Clínica Lasedent y Clínica Dental Mora Pavic, entre muchas otras.

    La especialista añade que en el último tiempo ha surgido un nuevo grupo de pacientes que, a su juicio, tomará cada vez más fuerza con los años. “Están terminando cuarto medio o empezando la universidad, y no quieren ponerse aparatos que se les noten. Están muy preocupados de su imagen”, dice.

    Aparte de la evidente ventaja estética de los frenillos ocultos, Natalia Cerna sostiene que -a su juicio- los resultados que se obtienen con ellos son mejores en comparación con la ortodoncia tradicional, ya que los braquets que se usan con el sistema “incógnito” son totalmente personalizados, es decir, fabricados especialmente en Estados Unidos para que cumplan con su tarea de llevar al diente a la posición final determinada por el ortodoncista tratante.

    “En las técnicas frontales, todos los braquets son estándar, los arcos son estándar, si la boca es grande o es chica, a todos los pacientes se les pone el mismo tamaño de arco. En la técnica lingual, como todo es individualizado, el alambre viene del tamaño de la boca del paciente, por lo tanto desde el arco inicial hasta el arco final, siempre se respeta el espacio que se tiene para trabajar y así los resultados son más óptimos”, explica la especialista.

    Recomendable, pero costoso

    A esto se suma que los braquets que se utilizan en los frenillos ocultos están hechos con una aleación de oro, metal que es muy resistente cuando se utiliza en láminas delgadas. “Esto permite confeccionar un braquet pequeño que tiene una gran superficie de adherencia, porque tiene toda una lámina que va cubriendo la cara interna del diente”, señala Natalia Cerna.

    frenilloOtro punto a su favor es que con el sistema “incógnito”, el movimiento es mucho más eficiente, por lo que cambios significativos se evidencian al tercer mes de tratamiento y no al octavo, como ocurre con la ortodoncia tradicional. “Esto se debe a que el centro de resistencia del diente está más cerca con un braquet que va por dentro que con uno que va por fuera, por lo tanto la fuerza es más directa”, sostiene la ortodoncista.

    A pesar de esto, la especialista aclara que la duración del tratamiento es similar al de otras ortodoncias, es decir, entre 18 y 24 meses si es que no se deben realizar extracciones, y entre 24 y 30 meses si es que es necesario retirar alguna pieza.

    Entre las desventajas de los frenillos ocultos, la principal es su costo, que Natalia Cerna estima en un 50% más que la ortodoncia tradicional. Otro punto en contra, según Alejandra Aldana, es que afectan un poco la fonoarticulación, aunque agrega que es fácil adaptarse.

    “Durante el primer mes yo diría que un 100% de los pacientes no logra pronunciar todos los fonemas en forma correcta. Depende de las habilidades lingüísticas de cada uno cuánto se demora en recuperarlo, pero por lo general la gente promedio al mes ya lo logra. El que más tarda en recuperarse es la letra ‘s'”, señala la ortodoncista.

    En cuanto a las molestias que generan, la especialista indica que son menores que otras técnicas de ortodoncia, debido a la aleación de oro que tienen los braquets. “Producen lesiones en la lengua durante las primeras dos semanas y al mes ya están completamente recuperadas”, asegura.

    Pero para Alejandra Aldana, el costo y las molestias valen la pena. “Llevo alrededor de siete meses y me queda muy poco (…) Ya está completamente alineado y lo que ahora falta es estabilizar lo que se logró (…) Estoy bien contenta con los resultados”, manifiesta.

    Por M. Francisca Prieto, Emol
    Martes 23 de diciembre de 2014

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